Planteamiento 2.
“La lámpara del cuerpo es
el ojo;
así que, si tu ojo es
sencillo,
todo tu cuerpo estará lleno de luz.”
(Mateo 6:22 - Lucas 11:34).
Esto no quiere decir que uno se ha de tornar bizco o ha de taparse un ojo dejando el
otro libre para ver realmente; ni tampoco que el cuerpo se ilumine en
determinado momento como si fuera un peluche de esos con los que duermen los
niños por las noches, al que se le ilumina la cara en la oscuridad. Tomemos
en serio esta frase pues en su sentido trascendental se halla un mensaje valiosísimo
para aquél que busca alcanzar un estado de conciencia superior, para el que
busca la verdadera iluminación de su ser. El ojo sencillo a que se refiere es el ojo del
alma, la intuición, ese estado en el que uno es capaz de percibir lo que su
interior le está diciendo a cada instante, el cual se localiza a nivel del
entrecejo. Cuando uno es capaz de aquietarse y entrar en meditación, comprobará
cómo su visión no es oscura sino que se expande, y lo que antes permanecía en
la oscuridad y en la ignorancia, ahora se manifiesta y brilla con todo su
esplendor.
Es
muy probable que hayan escuchado ese dicho tan popular que dice: “dime cuánto tienes y te diré quién eres”.
Pues más bien yo te digo en este preciso instante:
Descubre quién eres,
y te diré cuanto puedes
llegar a tener:
¡TODO!
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