domingo, 25 de mayo de 2014


Planteamiento 5. A CERCA DE LA ENVIDIA



“Así como la polilla arruina la ropa,
de la misma manera la envidia consume al hombre”.

(San Juan Crisóstomo).



En mi opinión, la envidia puede ser definida como aquel sentimiento que emana del interior provocando tristeza y pesar, incluso ira e irritación, por ver a otros en posesión de aquello que uno mismo carece y desearía tener o arrebatar.


Si recordamos la teoría psicológica sobre la motivación humana que el Sr. Abraham Maslow desarrolló y divulgó, allá por el año 1943, seguro que nos viene a la mente la imagen de aquella famosa “Pirámide de necesidades de Maslow”, según la cual clasificaba las necesidades del ser humano de forma escalonada y progresiva, desde las más bajas y básicas que son necesarias para sobrevivir en este mundo, hasta ascender a las más altas y trascendentales, basadas en la autorrealización.

Y ¿por qué digo esto? Pues precisamente porque la envidia juega un papel importantísimo a la hora de identificar y reflejar en qué posición de la pirámide se encuentra cualquier individuo y cuáles están siendo sus preferencias, pudiendo comprobar (en función de sus pensamientos, sentimientos, palabras y obras) si está dirigiendo su vida hacia un camino ascendente, si se encuentra estancado a mitad de trayecto o si por el contrario, en vez de poner rumbo hacia la consecución de posiciones más altas, se está empeñando (con su forma de actuar y reaccionar) en retroceder de nuevo a los niveles más básicos de supervivencia que ya tuvo que pasar durante etapas anteriores y que supuestamente creía tenerlas superadas.

Todo aquél que  siente envidia y no hace nada por evitarlo ni controlarlo sino todo lo opuesto, se está condenando él solito a vivir bajo los dominios de este limitante sentimiento opresor, dejándose arrastrar y prestándose a ir a la deriva sin poner dirección a ningún buen destino. Éste habrá de despertar tarde o temprano de su sueño inconsciente y darse cuenta que lo que estaba provocando en su vida era un rotundo estancamiento que le impide avanzar y además le está consumiendo. Pero mientras tanto no ocurra, irá dando tumbos, provocando altercados y comprometidas situaciones con todo el que se le presente por delante sin asimilarlo ni entenderlo, pues no verá en los demás cosa distinta que no sea un rival y un contrincante al que hay que absurdamente amedrentar y reducir. 

En la misma línea, podemos observar que quien decide portar el estandarte de la actitud envidiosa en su vida y alzarlo hasta lo más alto, incluso con orgullo, sin llegar a desfallecer en su empeño, es capaz de tomar como necesidades básicas y prioritarias directamente las que corresponden al reconocimiento, malogrando e incluso descuidando las que atañen a la fisiología, la seguridad y la afiliación, que estarían antes incluso que aquélla en el ranking de la pirámide. Al elegir estos inconscientes el reconocimiento por parte de los demás como necesidad primordial, sentirse importantes y ganarse el respeto de todos por encima incluso de cualquier cosa o circunstancia, están desquebrajando la poca o escasa estabilidad emocional que ya habían conseguido hasta ahora, puesto que al actuar como actúan, siendo conscientes de todo cuanto provocan con sus satíricos métodos, pierden toda la moral que poseían (si es que alguna vez albergaron alguna) y les llega el momento en que ni se sienten seguros de si mismos por lo que pueda acontecerles, se vuelven agitados e impacientes, dubitativos y recelosos. No se fían ni de ellos mismos, entrando incluso en un círculo en el que por mucho que hagan, sienten que siempre van a perder más de lo que ganan, y quieren más y más a cualquier precio, caiga quien caiga. 

...Todo por querer comenzar la casa por el tejado, como bien queda demostrado. Y es que, en definitiva, podemos sacar una conclusión clara (entre tantas) de todo esto, y es que el envidioso nunca podrá llegar a ser una persona autorrealizada.


TODO ESTO Y MUCHO MÁS EN... 

"BUSCABAS EN LUGAR EQUIVOCADO"
José María Zaragoza Hernández


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